19/6/10

Volar

No pido nada exorbitante. Os lo aseguro.
H.D. Thoreau, en Una vida sin principios

Quería estar ausente, sentir que yo no existía por unas horas, que el mundo seguía en su órbita y que me daba igual lo que pasara. Ya podían llover chuzos de fuego que no me importaría. En la mesita tenía unos libros ansiosos de ser fatigados, aunque a mi cómplice americano ya le había agotado días antes. Y solamente quería imitar alguna de sus conductas, largarme, esta vez sí, una larga temporada con poco peso a mi espalda. Pero sobre todo, de dejar allá donde fuera bastante de ese equipaje.

No me voy a bajar de la vida. Porque aunque hay días demoledores para uno, cuando casi nada le complace y la felicidad, esa tropelía que hoy se inventan las televisiones, parece levantar el capote a tu paso, merece la pena no perderse cosas. Pensé para mis adentros que el primer paso -ni me molestaré en detallarlo- estaba conseguido. Luego ya habría que subir otros escalones.

Los próximos meses los pasaré fuera, lejos de la podrida realidad, de la deuda y del cambio climático. No quiero periódicos, ni que nos intenten envenenar con las dos Españas; no me importa la huelga, ni los sindicatos, ni los malotes del instituto. No quiero vivir en un país tan ridículo en el que van a multar a un párroco porque las campanadas molestan a unos vecinos (por el nivel de decibelios), que no dejan pisar el césped. Nada de eso.

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