17/5/12

Sabor ambiguo

De la piel para dentro empieza mi exclusiva jurisdicción. Elijo yo aquello que puede o no cruzar esa frontera. Soy un estado soberano, y las lindes de mi piel me resultan mucho más sagradas que los confines políticos de cualquier país.
Anónimo
Un regusto ambiguo en el paladar. Eso podría decir de la sensación que ayer me dejó una llamada de teléfono. Si lo tuviera que representar, sería una escena de Woody Allen, donde habría una tromba de palabras atropelladas en el diván del psiquiatra. Incluso si supiera algo más de Kafka que su procedencia y sus últimas palabras antes de morir, diría que había rasgos kafkianos; quizá también habría vetas dantescas, bukoswkianas, quién sabe si hernandinas y convencido estoy que casi seguro senequianas.
Pero al igual que alguna profunda razón me aleja de atribuirme nada de eso, la llamada para comunicarme que “Mientras tanto”, una serie de palabras que reuní en forma de poemas, escritos en los últimos meses, había conseguido el accésit en elCertamen de Poesía José Hierro, me llevó a sacudirme el mérito. ¿Por qué? Responderé con unas palabras de dicho conjunto de frases, o versos, o sentires: “Todo ya vive fuera/todo ya vuela ajeno./ Ya todo va siendo apenas.”

Creo que es difícil enfurruñarse con uno mismo cuando alguien te despierta con tan buena noticia… sino fuera por el aluvión de pensamientos que a uno le surgen después. “Todo ya vuela ajeno”. Es una exageración, claro, pero no en cuanto a la esfera de la poesía. Podría decir que soy un luchador de la existencia, de las capas de ruido que en los últimos meses voy reventando. Podría decir con la cabeza bien alta que soy valiente al enfrentarme a mí mismo, que estos esfuerzos son excesivos y que tienen su recompensa final. Incluso, apurándolo mucho y teniendo en cuenta mi corta vida, podría mirar a los ojos a alguien al hablarle de textos periodísticos. Ahí sí puedo defender con la vida entre los dientes un texto. Pero no así en poesía.

Escribo versos por accidente, que no poesía. No sé escribir poesía, no tengo la más remota idea. Lo único que hago es correr a escribir algo cuando se me ocurre. Pero ni sé de formas, ni siento la necesidad de saber de estilo, ni estudio estructuras ni aspiro a nada relacionado con un mundo donde Antonio Machado o Juan Ramón Jiménez han dejado huella. Por echarme una flor, puedo reconocer que de mí han salido versos que efectivamente me gustan (“nómbrame embajador de tus miradas” o “me escurro entre dos tiempos/el futuro y el deseo” ), pero en general escribo para dar fe de que aún respiro, no para enseñarle al mundo mi “obra”, la cual no soy capaz de defender ni yo. ¿Y por qué, entonces, reúno algo y lo envío a un certamen para competir con los demás? Pura contradicción cuyas razones son demasiado profundas y sí, conozco.

Seguramente esté siendo duro conmigo mismo, y me ciegue un sentimiento de pureza del género. Pero vuelvo a caer en la contradicción cuando realmente, además de admirar a los más puristas del verso, son los poetas indie, punk y diferentes los que me recuerdan que la poesía no se encierra en ninguna jaula de 11 sílabas sino en la música de las olas, el pío pío de un jilguero o en un sol ardiendo al final de una carretera.

Claro que el siglo de oro y sus mandatos ya expiraron, que la creación nace de cualquier necesidad existencial y que la poesía Gary Snyder, Kirmen Uribe, de Kapucinski, las pintadas en un muro o las palabras de Facundo Cabral  nutren tanto como los clásicos. Pero también es verdad que la realidad tiene demasiadas esquinas, y a veces, uno se refugia en la más recóndita.

5 comentarios:

Gianfranco Guredi dijo...

Por experiencia propia, cuando mandamos algo a un concurso sin esperanza de ganar nada, es simplemente por satisfacer un pequeño ego interior que aflora de vez en cuando.

Y eso no es malo.

Joselu dijo...

Supongo que enviar unos versos a un concurso, o publicarlos en la red responde a la necesidad de encontrar lectores para un género nada fácil en una época en que lo poético es una preocupación o una dedicación muy marginal. Se escribe mucha poesía, pero no hay una necesidad social de ella. Nada que ver con el hambre que había de ella en otras épocas. La palabra ha perdido en buena parte su valor expresivo adocenándose y haciéndose trivial. Y el lenguaje poético logra, en cambio, en convertir en excepcional cualquier objeto o experiencia a las que se dota de algún tipo de intuición estética o existencial. A veces he escrito versos, pero no me atrevería a darlos a conocer porque sé que son absolutamente deficientes y primarios.

Se ha roto la comunicación entre el poeta y el público lector. A mí me cuesta mucho valorar un texto literario o poético, y prefiero no verme en esa tesitura. Prefiero algo que me lleve a participar en un debate de ideas o perspectivas, porque en la poesía, el medio (las palabras, las imágenes, los símbolos, el ritmo…) son el mensaje.

Anónimo dijo...

Sólo el accésit?. Enhorabuena! Pero creo que te mereces más que eso. Ya no se sabe apreciar el encanto de la espontánea naturalidad, esa que fluye por instinto desde el fondo del alma y se expresa a duras penas en unos cuantos versos. Eso es poesía y no lo que se premia, eso que se ajusta a los deseos de los reyes del Márketing

Fer dijo...

Sabor ambiguo, como el que deja el debate entre la razón y el corazón. Será lo que deba ser. Déjalo ser.

Un beso, Diego.

Canelita dijo...

Hablo con humildad,
con la desilusión, la gratitud
de quien vivió de la limosna de la vida.
Con la tristeza de quien busca
una pobre verdad en que apoyarse y descansar.
La limosna fue hermosa -seres, sueños, sucesos, amor-,
don gratuito, porque nada merecí.
J.H.