13/6/12

¡Yo quiero vivir del periodismo!

Llevo a la duda por compañera, atravesada en mi existencia. “Si no dudas, es que no estás vivo”, creo que leí semanas atrás. O quizá sea mi manera de moldear lo aprendido la que me lleva a manipular, en mi favor, dicha sentencia. Pero tengo un mecanismo que aprendí en algún lugar y del que, de vez en cuando, confío: cuando dudes, es que vas en la dirección correcta. Y creo en ello. Si nos proponen cualquier proyecto descabellado, el primer impulso (y el segundo, y el tercero...) será rechazarlo. ¿Quién aceptaría, en su sano juicio, cortarse las orejas en masa?

Otra cosa son las locuras razonables, cuya frontera con la rutina la establece cada cual. Para muchas personas correr una maratón es una locura; para muchas otras, algo muy asequible. Lo mismo sucede con una vuelta al mundo, viajes en bicicleta o cualquier otro proyecto personal. La línea está allá donde cada cual quiere. Uno siempre dirá que le encanta la propuesta aunque en el segundo asalto tome partida la cabeza, ese escudo de los disparos del corazón. Ahora que estoy a las puertas de un viaje, ando echando parte de las tardes y de las noches leyendo libros varios, desde Tagore hasta Conrad; treparé en breve por las religiones y cuando quiera darme cuenta estaré en frente de la pared del Himalaya.

Los papeles que guardo en el armario dicen que oficialmente soy periodista. Y en el fondo lo creo, pero no estoy muy seguro de ello; aunque lo siento y mis hábitos lo confirman, no llego a decirlo en alto. Quizá porque no me gano la vida con ello, como si el dinero fuera un indicador de nada. El caso es que trabajo en temas de cooperación al desarrollo, que de ahí si viene la plata para pagar el alquiler y el peluquero con larga frecuencia. Podría decir que estoy algo capacitado para opinar de estos asuntos a la luz de lo que veo cada día en la AECID, que son quienes me untan, de lo que escucho, de las personas –diplomáticos descarados incluidos- con las que uno se reúne, se cruza en los pasillos, ve mascar los pinchos de tortilla en la cafetería. Sin embargo, no me siento con la autoridad de hacerlo.

Pero abro los periódicos –Mundo, País y demás- y precisamente hablan de aquellos temas de los cuáles yo, en mi condición nebulósica de periodista, prefiero no tratar. Me sorprende cuando observo que no saben de qué hablan. Y se ganan la vida de ello. Los asuntos solidarios tienen una presencia desigual en los medios. Los hay quienes lo exaltan para hablar del buenismo del gobierno anterior, otros para crucificar sus intenciones, otros para hablar de la bondad de la gente, otros para lavar la cara a la Iglesia, otros para… Y así se cruzan las conversaciones con grave desatino, metiendo todo en el mismo saco, diciendo estupideces varias e imprecisiones de los que se dicen más avezados. El narizón de la Razón, cuyo nombre no recuerdo, escribió auténticas barbaridades cuando se desató la tormenta por unos proyectos financiados por España en Guinea Bissau. No tenía ni idea de qué es la cooperación al desarrollo.

Quizá por eso no me denomine periodista, porque el periodista medio es una persona que habla de temas que no domina y que, inevitablemente, resbala allá donde menos espera. Lo que escribo en diferentes medios se limita a contar lo que veo, de asuntos que entiendo, que vivo. Cuando escribo en este blog lo hago de “la piel para adentro”, cuando estoy junto a otros solo abro la boca cuando sé que lo que digo es cierto (por lo que hablo muy poco). Pero lo que abundan son este tipo de periodistas cuyo trabajo se limita a decir estupideces sobre el teatro de la política. Yo, que podría hablar de las teorías dramáticas de Goffman para hablar de la sociedad, no lo digo, y eso que en el mundillo de la política daría mucho juego. Por eso me encantan periodistas con botas como Ander Izagirre el cual se dedica a lo que ama y en cada texto se le sale el corazón por la boca.

Un poquito de valor agregado, por favor. Porque buenos literatos no hay demasiados. De los que hay en el universo periodístico imprimen sus fuerzas en los viajes y en las crónicas de cuestiones interesantes; los que se dedican al periodismo político nacional, a mi no me interesan. No aportan nada. Absolutamente nada. Pese al rubor –me sigue sonando tan nosecómo- he creado un blog que, si soy capaz de romper con la pesada responsabilidad de ajustarse a la verdad aun estando solo, espero esté disponible próximamente. Será un blog “profesional”, donde contaré mis aventuras por el planeta que comienzan en breves; donde trataré, si sigo siendo capaz de superar cierta fobia de exhibición personal que se asocie a mi nombre, temas que vivo, que entiendo. Basta te complejos. ¡Yo quiero vivir del periodismo! Pero ciertamente, poner la palabrita periodista debajo de una foto de mi jeta, me causa, al menos, más de tres puntos suspensivos.

7 comentarios:

Fer dijo...

Creo que podrás llegar a ligar con la identidad de periodista sin caer en el estereotipo del periodista de los periódicos de gran tirada.

Podrías seguir tu viaje y buscar un camino en donde tus pasos dejen huella y sientas que andas en la dirección correcta y además que esa senda te pague el alquiler, la peluquería y alguna que otra cosa que tal vez irás necesitando más adelante.

No es fácil en ninguna profesión poner la jeta sobre el nombre propio y el rótulo que te define frente a los demás, pero recuerda que hay mucho más que el rótulo en cada una de las jetas que ves escrachadas por ahí, para bien y para mal. Y además me hizo mucha gracia el uso de la palabra "jeta", tan coloridamente argentina, y tu texto entero me parece digno de un periodista que vivirá de serlo.

Me voy a ir de viaje contigo en ese blog que has creado.

Un beso!

Diego dijo...

se trata solo de sueños que espero cumplir...
gracias Fer!

Rocío Campos dijo...

Mucha suerte con la aventura que vas a comenzar. Te deseo lo mejor. Y, por favor, cuando esté listo el blog, dime la dirección porque quiero leerte.

Un saludo.

Oesido dijo...

Animo Diego, si te empeñas y eres honrado contigo mismo y con los demás lo conseguirás; lo impredecible es el tiempo que puedes tardar en llegar a la meta, así que lo importante es disfrutar por el camino.

V dijo...

Yo no sé nada sobre periodismo, y aún con esas, tengo exactamente la misma sensación general sobre el asunto. De hecho incluso en ciencia. El otro día publicaron en Quo un artículo que bueno, de riguroso tenía lo que yo de astronauta. Una pena. Porque al fin esto no sirve mas que para transmitir ideas que de base son erróneas. Yo la verdad es que leo y leo, y al final, ya no me creo nada. Me alegro de pensar que tu página no será una más sobre la que no tener muy claro qué pensar. Así que yo te sigo, por supuesto.

Un beso grande, y a perseguir la estela del cometa, claro que sí :D

Joselu dijo...

Por lo que sé de exalumnas que han cursado periodismo y que eran excelentes estudiantes, la cosa está muy difícil. Todo está difícil. El problema es que si se quiere empezar en un medio de comunicación, hay que hacerlo prácticamente gratis y en secciones en las que no se tiene ni idea (horóscopos, necrológicas, sociedad, local, sucesos… por decir algo).

Voy a visitar el blog que enlazas. Te deseo un buen viaje de aventura que te sirva también para tu formación intelectual y profesional. Adelante, periodista. Esa es una profesión que se lleva o no dentro. El problema es cómo decidir no venderse si hay alguien que esté dispuesto a comprarte. Buen dilema.

Anónimo dijo...

Grande Lope y Magno Cervantes!. Cuando no encuentras respuestas decides cambiar las preguntas; eso, amigo mío, es ser el grandioso periodista y mejor persona que eres. Un fuerte abrazo desde la distancia, que no desde el olvido. Isa. MICID