9/1/13

Cuando la vida está en los huesos

El hombre, sin embargo, está encerrado en la jaula de su conciencia. Tan pronto como actúa con brillantez, se pone a sí mismo en un brete, sometido a la comprensión o el odio de la multitud, cuyos afectos pasan a formar parte desde ese momento de su consideración. ¡Ojalá pudiera volver a su neutralidad de antes! Aquel que es capaz de evitar todo compromiso, y después de haber observado, observar de nuevo desde la misma inocencia inamovible, imparcial, insobornable e indómita,  será siempre un gran hombre. Podrá así dar sus opiniones sobre todo lo que ocurre, pues al ser tenidas por algo, no personal, sino necesario, traspasarán como flechas los oídos de los hombres, y les harán temblar de miedo. He aquí las voces que oímos cuando estamos solos; más débiles e inaudibles conforme regresamos a la sociedad. Y la sociedad conspira por doquiera contra lo humano de cada uno de sus miembros (…). La confianza en uno mismo es lo más aborrecido por la sociedad, que no ama realidades y creadores, sino nombres y costumbres.
Ralph W. Emerson

La cuestión de qué intereses objetivos surgirán en nosotros cuando hayamos vencido la enfermedad del egocentrismo hay que dejarla al funcionamiento espontáneo de nuestro carácter y las circunctancias externas (…). Solo puede sernos útil lo que verdaderamente nos interesa, pero podemos estar seguros de que encontraremos intereses objetivos en cuanto hayamos aprendido a no vivir inmersos en nosotros mismos.
Bertrand Rusell

Ningún otro aspecto que podamos darle a la materia resultará al fin tan beneficioso como la verdad. Sólo ella es adecuada. En la mayoría de las ocasiones no estamos donde estamos, sino en una posición falsa. Por una falta de firmeza en nuestra naturaleza, suponemos una situación y nos colocamos en ella, y por tanto, estamos en dos situaciones a la vez y es doblemente difícil salir (…). Decid lo que tengáis que decir, no aquello a lo que estáis obligados.
Henry D. Thoreau

Intenta más bien encontrar cerca de ti algún bien que sea permanente; pero no hay otro bien permanente que aquel que el espíritu encuentra dentro de sí mismo. Solo la virtud confiere un gozo perpetuo y seguro (…). ¿Cuándo podremos alcanzar ese gozo? No es que nos hayamos quedado quietos, pero hay que apresurarse. Todavía queda mucho por hacer, y hay que dedicarle desvelos y esfuerzos si quieres terminar el trabajo.
Séneca


Acabas el instituto y, corriendo, tienes que matricularte en la universidad porque se agotan las plazas; antes de acabar la carrera, si quieres colarte en el mercado laboral, te aconsejan matricularte en un máster para que no te pisoteen tu plaza en el futuro. De ahí, si el 56% de paro juvenil no te lo impide, puede que te mediocoloques con un mísero sueldo en algún lugar y te ruegan que des gracias al señor por llevarte algo al bolsillo. Enhorabuena: si no pierdes el empleo es probable que acabes el fin de tus días haciendo lo mismo que comenzaste a hacer hace 30 o 40 años: poner tuercas, ordenar papeles, defender maleantes o conducir camiones.

No me gustan esos dictámenes que abundan a la hora de engancharse al tren laboral por exceso de edad, porque las oportunidades ya pasaron y demás. Pienso que son contrarios al mérito y la propia vida, porque Moisés dirigió el éxodo a los 80 años y Borges murió aprendiendo idiomas.

Sin más tiempo que pensar en qué quieres dedicar toda tu existencia, te exigen que pongas rumbo a algún lugar con 18 años, cuando a veces los caprichos se mezclan con los gustos y en algún lugar, incluso, dicen que de las pasiones no se come. Todo es duda, conflicto.

Asumiendo la máxima freudiana de que la infancia es destino, con 18 años creo incapaz a la mayoría de las personas de analizar el pasado que explica su presente. Me aclaro: más de un periodista que admiro dice que “se hizo periodista por Tintín”. Claro que esa inclinación tiene más explicaciones y Tintín no es más que la cúspide de todo un universo. Lo ideal, para el gusto de mi paladar, sería elegir con el pleno conocimiento y desde las necesidades más profundas. Algo que parece al sistema laboral no le atrae del todo al imponer esa lucha infatigable por “hacer curriculum” y pisar colas y cabezas; tampoco a la temprana edad, por pura naturaleza y falta de trayectoria en este mundo, se le puede exigir lo que no le corresponde.

Supongo que tecleo estas reflexiones por considerarme uno de esos potenciales afectados, de saberme que me pasaré en lo laboral a otro bando cuando siga buscando en mí, cuando la edad excave en mis profundidades, pues como sostenía Séneca, hay que “dedicar desvelos y esfuerzos si quieres terminar el trabajo” para conquistar ese gozo “perpetuo y seguro” que está dentro del ser humano. Creo que nunca mordí  el anzuelo de esas concepciones calvinistas del éxito económico y del trabajo, y de ahí esa batalla que muchas personas sufren en sus carnes entre dos modos diferentes de ver el mundo (el propio y el ajeno).

“Cuando la vida está en los huesos”, decía Thoreau, “es más dulce”. Uno tiene el derecho, y el deber, de equivocarse, de girar, de volver, de ir y de enredar para poder llegar a los huesos. Nadie nace sabio, pero con la edad, que no es más que el arte ir quitándole capas a la ignorancia, se va llegando a la esencia. Cuando se sigue al corazón y este acto no se premia desde afuera, algo falla: se asciende al dócil, al servil, al obediente. Así no se sale de ninguna crisis (¿acaso el indicador de crisis es solo el económico?).

Luego viene otra realidad, y es que hay que comer, aunque es cierto que dentro de la infinidad de posibilidades de elección laboral, hay quien de entrada ya se encauza en profesiones poco humanas (“los bancos no tienen alma”, le dijo un director de sucursal a un empleado). Pero a mí me encantaría saber qué sería de la humanidad si no existiese el miedo…

4 comentarios:

Canelita dijo...

Diego, no tengas miedo de la vida, que sabe por dónde llevarte en cada momento. Yo estoy "feliz", "encantada", no, lo siguiente, de ir cambiando de rumbo, que no dando tumbos, porque estoy descubriendo mundos que ni imaginaba. Tú déjate llevar, que verás qué puertos tan interesantes visitas. Y recuerda: "lo importante no es el destino, es el trayecto".
Cuando tengas un ratico, me vas contando de Cuba y tus descubrimientos.
Sole

Diego dijo...

Hasta que uno llega hasta sus propias conclusiones...
Me gusta aquello de "Sabe esperar/aguarda que la marea fluya...".

Un abrazo hasta esas tierras.

Pollo dijo...

Excelente post!! Hacía tiempo no me sentía tan identificado con las líneas de un blog. Es cierto, ¿cómo sería el mundo si no existiera el miedo? Solo está en nosotros ir averiguándolo

Diego dijo...

Me alegra que te identifiques; al fin y al cabo para eso sirve la red: para encontrar similitudes con otros y reforzar la nuestra.

Un saludo