12/4/14

Algo se mueve en Nicaragua

Nicaragua se sacude los lomos y ya andamos por la alerta roja. 

Esto de vivir un movimiento telúrico es curioso. Yo andaba esperando en la segunda planta de la Casa del Café una cita con una periodista local cuando, leyendo a Gioconda Belli, se removió todo el edificio. Pocos minutos después, otra sacudida nos saca a la mayoría de personas del lugar. Una camarera llora.

¿Tienes miedo?, le pregunto a un camarero. “Miedo no”, me responde. “La vida es Cristo y la muerte es un mandado”. Mi cita nunca tuvo lugar. “Por razones obvias”, me escribe la periodista. 

En realidad no fui consciente del peligro hasta que llego a casa y vi el color de la alerta y las recomendaciones: dejar la puerta abierta, tener una mochila preparada con lo imprescindible y citar a la familia en un sitio de reunión, por si las moscas. 

A las doce de la noche me quedé dormido. Amanecí ocho horas después. En ese tiempo se sucedieron más de 300 réplicas. A las 12.30 del mediodía, mientras andaba en otro cita, el suelo volvió a agitarse. El temblor, de 6,7 grados en la escala Richter, fue mayor que el de ayer, pero se produjo a mayor profundidad, por lo que su manifestación fue menos dañina. El terremoto que barrió Managua en 1972 fue de 6,2 grados. A esta hora ya se han registrado más de 1.000 temblores.

Los temblores han sido la causa de que se hayan cerrado colegios y universidades. Los cortes de luz han cancelado los trabajos y una cita que tenía esta mañana con el ilustrísimo filósofo Alejandro Serrano Caldera. También han cerrado la cafetería donde tomaba café con sabor a colonia cinco veces más barato que en la cafetería de al lado (comer en esos sitios permite viajar más veces y durante más tiempo). Las camareras sonríen igual, pero te despluman.

“¿Por qué vas tan serio?”, me preguntó una de ellas cuando me levanté de la mesa a empapar el arroz con una salsa. “Es que soy serio”, le dije. 

Y es que el maldito terremoto me ha cancelado una entrevista con uno de los mayores filósofos del continente. 

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