28/6/19

La batalla de las trabajadoras del Metro de Madrid

Las trabajadoras del Metro de Madrid recuerdan con cariño a Carmen Vicente, una de las primeras jefas de estación. Había entrado en la empresa a finales de los setenta y un conductor se negó a obedecer sus órdenes porque él, dijo, no obedecía a una mujer. Fue entonces cuando la responsable tuvo que llamar al inspector jefe para que diera la orden. 


Metro de Madrid fue una de las primeras empresas que empleó a mujeres, algo que sorprendió en la España de 1919, el año en que se inauguró la llamada Compañía Metropolitano y la presencia de taquilleras, el gremio al que pertenecían, atrajo el interés de los periodistas: aquello era revolucionario. Con los años, las trabajadoras del metro han tenido que abrirse paso en un entorno laboral masculino que también tomaba las decisiones.

Cuando Pilar Bravo llegó con su familia a Madrid desde Ceuta y vio el anuncio en el periódico de 200 plazas para trabajar en el metro, se lo consultó a su tío, que aprobó su decisión. “Yo no sabía esa fama que tenían las taquilleras”, recuerda ahora, “pero cuando se lo dije a mis amigas, lo vieron como una cosa mala”. 

Pilar tenía 19 años, se había examinado en agosto de 1966 y empezó a trabajar tres semanas después. Entre medias, sin embargo, la Guardia Civil entró en su casa para conocer a la futura empleada. “Tenían que saber qué tipo de personas éramos para hacer ese trabajo”, dice Pilar. Los guardias se debieron de quedar tranquilos al comprobar que su padre era militar. Se presuponía un orden.

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Sigue en este enlace de Yahoo noticias.

26/6/19

La isla de Nantucket

Las ráfagas de luz del faro Brant Point anuncian tierra firme. Es de noche, hace dos horas que el barco ha salido del puerto de Hyannis y aún no se adivina la isla de Nantucket, que aparece bruscamente. Al descender las escalinatas, compruebo que su aspecto es el mismo que llevo en la imaginación. 

Del puerto de Nantucket, un lugar entre la realidad y la fantasía, salió el Pequod, el barco que Herman Melville inmortalizó en Moby Dick. El escritor publicó la novela en 1851, a pesar de que aún no había pisado la isla. Pero las viejas historias y leyendas de la capital ballenera le sirvieron para describirlo en una de las obras más universales.

Hoy ese legado se transpira en apenas 23 kilómetros de largo y tres y medio de ancho, ya sin los barcos que llegaban tras meses de aventuras por todo el mundo cargados de aceite de ballena. A cambio, ese viejo ajetreo de pescadores, herreros y almacenes del siglo XVIII, ha sido sustituido por veleros que siembran la bahía en verano y definen el nuevo Nantucket, destino predilecto de artistas y poetas de Estados Unidos.

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Sigue en el número de julio de la revista Viajes National Geographic.



30/5/19

Medellín, la ciudad recuperada

Una espesa niebla empaña las mañanas de Medellín. El paisaje de esta ciudad situada a 1.500 metros de altura y rodeada por un cinturón de cerros la otorga un aspecto agreste y montañoso, pero el eterno clima templado desmiente la primera impresión. Este ambiente primaveral es lo único que no ha debido cambiar en la ciudad: la capital de Antioquía se ha visto envuelta en una transformación sin precedentes en los últimos 25 años. 

A partir de la década de los 80, Medellín estuvo inmersa en una espiral de violencia que la colocó como la capital mundial del narcotráfico y uno de los lugares más peligrosos del planeta. Sin embargo, gracias a una inteligente estrategia, esa misma ciudad que lloraba miles de muertes se ha convertido en una modernísima urbe que ha ido dejando atrás sus viejas pieles, como las serpientes, hasta convertirse en un ejemplo a seguir. 

Una visión panorámica desde cualquiera de las laderas de la ciudad sirve para comprobar que la alegría de Medellín, alguna vez sepultada bajo la tristeza de los años de “plata o plomo”, ha salido de su escondite. Y los modernos paseos peatonales, las ráfagas de los coches por las modernas carreteras, los edificios emblemáticos que se iluminan como linternas y las luces que trepan por las lomas por las que se extiende la ciudad le dan un aspecto de metrópoli dinámica, llena de vida. La definición de cambio se queda corta, pues se batido todos los récords de transformación, de descenso de la criminalidad –un 80 por ciento en veinte años– y aumento de número de turistas. A esta ciudad de algo más de dos millones de habitantes –cuatro con su área metropolitana–, encajada en el estrecho Valle de Aburrá y surcada por el río Medellín, llegan anualmente 700.000 turistas. Porque, en fin, lo que ha sucedido aquí es uno de esos milagros que suceden cada mucho tiempo.


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Sigue en el número de mayo de la revista Viajar.

20/5/19

Retiro espiritual en el pequeño Tíbet español

El Dalai Lama llegó en 1982, vio estas vaguadas áridas, las montañas encadenadas y el paisaje agreste, y le impresionaron las semejanzas con su añorado Tíbet. Tras un breve descanso y meditaciones en este santuario salvaje de la naturaleza, lo bautizó como O Sel Ling: Lugar de la Luz Clara.

O Sel Ling es un centro budista clavado en La Alpujarra de Granada y fundado en 1980 por los lamas tibetanos Yeshé y Rimpoché. Yeshé había creado años antes la Fundación para la Preservación de la Tradición Mahayana (FPMT), que hoy tiene más de un centenar de centros budistas por todo el mundo. Pero O Sel Ling, debido a su aislamiento, es uno de los más característicos.

Desde Órgiva, la carretera de asfalto serpentea y a la altura de Soportújar un cartel anuncia el desvío. A partir de aquí un camino de tierra y piedras trepa por las montañas, al filo de un barranco, hasta alcanzar los 1.600 metros de altitud. Tras seis kilómetros de pista forestal, se ven las primeras banderas budistas de oración ondeando al viento. Al cruzar el portón de acceso, unos molinillos y una gran rueda de oraciones dan la bienvenida al visitante, que puede caminar por una maraña de senderos de tierra que conectan los diferentes símbolos y monumentos budistas.

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Sigue en este enlace de El Mundo/Viajes.

8/5/19

El sueño final del oro negro

Entre las leves ondulaciones del páramo de La Lora aún se asoman los catorce balancines cobrizos. La maquinaria aparece intacta, como si en cualquier momento fuera a volver a la vida, a mecerse, a extraer el petróleo del vientre de la tierra. Este paréntesis, dicen en Sargentes de la Lora, es eterno.

Durante medio siglo, al aullido del viento, que en esta llanura a 1 100 metros de altura no encuentra barreras naturales, le ha acompañado el interminable chirrido de los caballitos. Hasta que hace dos años las operaciones de los únicos pozos de petróleo de la península ibérica se congelaron, como el viento que rasga las pieles, la vegetación y las banderas. «Las tenemos que cambiar cada dos años», dice Carlos Gallo, el alcalde de un municipio expuesto al aire gélido. «A este paso», bromea, «las vamos a hacer de chapa».

La Lora es una extensa meseta al norte de la provincia de Burgos, limítrofe con Cantabria, atravesada por el río Rudrón, afluente del Ebro; una alfombra de hierba y piedras cuyos costados están bordados de hayas y robles, y apenas habitada por 115 personas en los ocho pueblos —dos abandonados— del municipio. La explotación del campo petrolífero de Ayoluengo, que fue concedida en 1967 a tres empresas —Campsa, Calspain y Texaco—, abarcaba 10 619 hectáreas, pero los 53 pozos que se llegaron a abrir están diseminados en apenas 30 hectáreas. De alguno de ellos no se llegó a sorber ni siquiera un litro y la última prospección fue en 1990, cuando la extracción de petróleo comenzó a ser anecdótica —apenas 25 000 toneladas anuales—. Los empleados se preguntaban cómo se pagarían sus salarios. Tras los cincuenta años de concesión, la empresa cerró.

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Sigue en este enlace de Altair Magazine.

Balancín en Sargentes de La Lora.

1/5/19

Whitman, la voz libre de América

Todo empezó en marzo de 1842, cuando Ralph Waldo Emerson impartió la conferencia ‘El poeta’ en Nueva York. Por entonces, Walter Whitman era un redactor de la revista Aurora que acudía a la cita del filósofo con mayor prestigio de Estados Unidos. Emerson comenzó diciendo que el verdadero poeta rompe las cadenas de todos, que representa al hombre completo y la belleza, que ese poeta daba fe de lo que experimentaba y que llevaba a la liberación personal. Pero Emerson aún no lo había encontrado en su país: “Busco en vano a este poeta del que hablo”.

Whitman se quedó tan fascinado que aquellas palabras se quedaron resonando en su interior hasta que, ocho años después, escribió los primeros versos. Llevaba casi una década haciendo acopio de la fuerza y libertad con la que escribiría toda su vida, y decidió que aquel impulso creativo tenía que ver la luz en 1855. Su grito al mundo se llamaba Hojas de hierba. Whitman no olvidaba quién le había inspirado.

Acudió a la oficina de correos y envió a Concord (Massachusetts) un paquete con uno de los mil ejemplares que había pagado de su bolsillo. El filósofo de Concord recibió desconcertado un libro anónimo con el retrato de un hombre de barbas y sombrero, los derechos de autor a nombre de un tal Walter Whitman, y unos versos encajados en el primer poema que decían: “Walt Whitman, un cosmos, el hijo de Manhattan”.

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Sigue en el número de mayo de La Aventura de la Historia.

29/4/19

Un instante


Siempre llegas, hasta en sueños,
a deshora, pues la hora
de encontrarnos es corriente.
¿Dos días? Suficiente.
Y un instante es la chispa
encendida para siempre.

Nuestro primer reencuentro. Pronto vendrán los demás.

19/4/19

Parlache, el lenguaje que se inventaron las bandas callejeras de Medellín

Luz Stella Castañeda y José Ignacio Henao escucharon un rastro de palabras que no entendían. Luego trataron de comprenderlas. Era el Medellín de finales de los años ochenta, la violencia y el narcotráfico habían tomado las riendas de la ciudad, y ambos siguieron el reguero de términos de extraña arquitectura que se escuchaba en la radio, aparecía en los periódicos y hablaban los estudiantes.

Después llegó su suerte. El director Víctor Gaviria estrenó en 1991 la película Rodrigo D. No Futuro y mandó una carta a la Universidad de Antioquia. Tras grabar con actores naturales, escribió, le impresionaba el lenguaje que usaban. Los investigadores ya tenían la antena académica encendida, por lo que al llegar la carta, levantaron la mano: nosotros nos encargamos de examinarlo.

“La carta fue el impulso”, dice ahora Luz Stella junto a su marido, José Ignacio, en el despacho de la Universidad de Antioquia, donde continúan las investigaciones en aquellos barrios periféricos, casi siempre marginales, de donde brotaban las palabras: Zamora, Blanquizal, Belén Aguas Frías, Sol de Oriente, Manrique.

Sigue en este enlace de El País Semanal.

Cerros de Medellín.

6/3/19

Se han caído los carteles

Se ha quedado la casa fría.
Han volado
los tapices de las sillas, los colores
del retrato,
las migas del camino de regreso
al pasado.

Se han quedado sin aliento
los pasillos,
los balcones de tus ojos –las pestañas–
que me hervían ayer, 
hoy,
y quién sabe si mañana.

Se han caído las orquídeas, el pulgón
de los rosales, las excusas
que me invaden,
el papel de las paredes
donde escribo tus postales.

Se ha caído el cielo, los aciertos,
el péndulo del sueño,
la certeza de una vida con remiendos
de acero.

Se han caído los carteles
de “cerrado”, de “abierto”,
de “veremos”: solo parpadean
los letreros de luces
bajo cero.

Se han caído hasta los vientos, ya sin fuerzas
ni tormento.

Se han caído las pinturas al subsuelo,
el corazón del pecho. Cae el pelo, caen las panzas,
caen los párpados del tiempo.

Se ha quedado nada en movimiento:
la memoria, los bandidos del camino
a tu casa,
las piedras confundidas de ventana.

Las certezas
que nos deja una vida si no quema
son un surco arañado en la arena.

Al principio el mar acecha,
después, lo arrasa.

5/3/19

Canción de cumpleaños

Rocinante era real, y esto es un sueño.

–José Hierro, en Don Quijote trasterrado



Pareciera que entraras por la puerta
susurrando, invisible, el pentagrama.
El aire silba notas, solo Brahma:
de la historia no leas la cubierta.

De todo exijo nada. Solo alerta
al instante y a las venas de quien ama
con la fuerza del trueno, cuando brama.
La sangre está en la vida a llama abierta.

Pareciera que andando por el filo
entrelazado del aire y el aliento
subo un poco –o una vida– a soltar hilo:

el vuelo, y sabe a todo, es alimento.
Y si temes el viaje, solo dilo,
y le arranco los átomos al viento.