12/6/10

Lo que quieras

Soledad, aquí están mis credenciales.
Jorge Drexler

Cómo crees que a estas horas se me pasa por la cabeza sostener en las manos algo serio, abrir unas tapas blandas y husmear en aventuras bíblicas. No podría soportar cantinelas de actualidad, rollos intempestivos ni ladrillos académicos aunque mi deber sea tozudo. Ya me cuesta digerir la prensa diaria como para añadir más basura al reciclaje, si es que esos temas tienen más de una vida.

Las chispa la provocaron dos voces al unísono cabalgando por unos versos de Lope de Vega que dejaron mi cara casi muda. Ahora hay una fina voz que navega por el poema 20 de Neruda, mientras la Canción desesperada descansa en mi zurda y he vomitado algún experimento por estos dedos cargados de furia y de alguna otra materia difícil de catalogar:

(...) Para qué contar los latidos por minuto, por hora,
por madrugada,
si nadie los escucha,
y aunque rompieran en llanto,
ni siquiera sabría qué reclaman:
hoy todo se mezcla en un experimento
que llaman vida,
o existencia, o cicatriz (...)

Algo así tiene cierto sentido en un contexto de rabiosa actualidad. Día plomizo, noche lluviosa, horizonte negro y optimismo famélico. Miro con disimulo el lomo de un libro de Neruda que reluce porque lo empapa la luz: parece de oro, y quizá su valor así lo sea. Cierra los ojos y que el diablo haga su trabajo, o quien esté de guardia, que digo yo que esté al tanto. "Abandonado como los muelles en el alba", reza el tercer verso de la Canción desesperada. Si además luego te ordena que hay que partir, capitán, para algo están los marineros.

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