9/11/10

De repente

Por alguna extraña razón, que ni es extraña ni es razón, sigo pegándole al juego de encajar endecasílabos en "casas de catorce tablas". La ambición, que nunca se asomó a lo literario tanto como a engrasar la agilidad mental y, a lo sumo, dotar de mí a estas frases (o versos...), no rebosará estos espacios abstractos.

Hay quien disfraza nostalgias con alcohol, quien asume la tristeza en un solitario y quien corre sin rumbo por no correr hacia sí mismo. El sentido de esta manera de reírse no traspasa ninguna frontera clandestina; ni siquiera aspira a ser carne para omnívoros del bien y del mal. Insisto en que es como quien, al calor de la madrugada, se realiza resolviendo ecuaciones o musculando su cuerpo. Puro entretenimiento.

Lo que sí contienen son carcajadas, juegos que a veces yo solo entiendo, que otras veces deseo sean recogidas por la interpretación de quien arrastra la vista. La noche, cuando aprietan los deseos, es lo que tiene. Y si se extiende como se alarga todo lo sublime (al menos en el imaginario), sea en cuerpo presente y con el rifle preparado. Siempre hay alguien dispuesto a apretar el gatillo y matar unos cuantos pájaros de un tiro.

Lo dicho.

De repente me he vuelto un hombre serio.
Ni trasnocho, ¿acaso me emborracho?
Sigo pensando en lo del monasterio,
no pensar en si a mujeres despacho.

Ni siquiera visito el cementerio
¿Para qué, si allí a nadie nada reprocho?
¿O es que se comete algún adulterio?
Las almas no pecarán de ese empacho.

Por no dormir, no duermo en las costumbres.
Por no vivir, no vivo como un perro.
Por no correr, no corro en las huidas.

Por dibujar mi nombre con alambres
se oxidaron las letras como el hierro
-mi traje sucio probado a escondidas.

2 comentarios:

Elsa dijo...

ahí ahí dale al endecasílabo que un día sólo quedaré yo en la familia como periodista pobre ¡Un besuco!

Yeamon Kemp dijo...

Y más pronto que tarde, no quedarán más que palabras en la noche.
Y entonces, mejor que sean palabras ordenadas.