19/11/10

Viajar


(...) en otras palabras más, el que ha sido vagabundo alguna vez, lo será siempre. Me temo que se trata de una cosa incurable. Expongo esto no para instruir a otros sino para informarme yo mismo.

J.Steinbeck, en Viajes con Charley


Librería de viajes y aventuras Altair, Barcelona.

A esa raza indomable se la ha llamado homo mochilerus, algo más bruto que el interesante y fino concepto de backpacker. Pero eso no es más que la forma, la apariencia, la proyección: algo de luz en la oscuridad. El contenido es otro tema, es lo genuino: el germen que invade el cuerpo y no hay medicina capaz de acabar con esas ansias de moverse.

Las razones para echarse al mundo son variadas. Y no siempre los pretextos son transparentes. En todos los recuerdos tienen lugar esas personas que se fugan por problemas, pensando que se alejan de su enemigo, que en el lugar más estrambótico la mala fortuna no les pisará los talones. Pero existe un problema. Quien huye, el enemigo lo lleva consigo: es él mismo. Únicamente el tiempo que dure su despiste durará su felicidad.

Luego está el viajero infatigable, curioso hasta la médula, que quiere ver todo, hablar con todo el mundo, entrar en las casas, viajar en los trenes. Es, en mi opinión, el viajero más puro, donde reina la paz, el equilibrio es estelar. Donde ya todo conspiró, donde se libraron todas las guerras, donde los pulsos más encarnizados dejaron de tener sentido. Es el karma.

El viajero nace y se hace. Se tiene la curiosidad y se aprende viajando. Nada es casualidad. Y en ese último estado de placer máximo es en el que a los mochileros/viajeros aspiramos. Es una religión, imperdonable, pagana, en el que uno se encomiendo a su propia alma, donde uno empieza a creer en la voz que se escucha de su interior.

A quien le gusta moverse y ama el conocimiento viaja por tierra. No hay distancias, y si las hay se cuentan por horas, nunca por kilómetros. Cualquiera que lo haya experimentado repetiría tirarse dos días seguidos en autobús con tal de saber que conoces un sitio. Lo contrario, que es lo común, es conocer algunos puntos de una zona.

Nada fatiga, ni fatigará.




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