7/5/13

Pintadas de perdón y otros juegos

Una de las cosas que me llama la atención de este país son las pintadas expiatorias. “Te amo” es la que más veces he visto trazada, en grandes proporciones, a la salida de más de un portal. Demostraciones de amor deseables si no fuera por las razones que lo llevan a hacer: engaño. Están dirigidas generalmente a nombres de mujer. Me imagino a Aleida, Haydée o Baby maldecir al susodicho por ese perdón que tan poca validez tiene ya. Es curioso porque la doble confesión que se deriva de la pintada –de amor y de arrepentimiento- es tan común en Cuba que no sé si tienen significado.

Recuerdo en mis años universitarios cuando un tipo también le lloró a su chica de esa manera, y la chica, creo que le perdonó… pero siguió con su nuevo ligue. Aquí el espíritu ardiente del amor llega a empalagar en cada manifestación. Desde las canciones que te machacan en el autobús o el coche hasta el trato con cualquier persona –“mi niño”, “mi amor” o “mi cielo” están a la orden del día-, el lenguaje y, en cierto modo, las maneras, conducen a algo que es inseparable de las actitudes. El engañar también es común; tan común que quien no lo hace le preguntan por qué y le miran como bicho raro. 

Podríamos definir engaño de muchas maneras. Yo me decanto por aquella que se refiere a la ruptura del pacto con tu pareja, incluya éste lo que incluya. Como se suele a hacer a espaldas de tu “pareja oficial”, a veces se entera y te pega la patada. Entonces te arrepientes, porque todo el día estás escuchando canciones que dicen que “sin ti no existe el aire” o que “tu amor es mi oxígeno” y cosas del estilo y, sin salirte del guion sentimental, compras pintura y te arrodillas implorando clemencia. Y claro, en las calles se ven letreros que indican que en esa casa hay una chica traicionada.

Son curiosas las características de todo esto. Hace poco, una mujer me presentó al hombre que la acompañaba como su “esposo”. Resulta que aquel “esposo” tenía, a su vez, su esposa, y sus hijos, y su casa… y la que decía ser su esposa era su amante. Supongo que esas actitudes sean causa y consecuencia de un inmenso entramado amoroso donde la contradicción y los elementos de un gran culebrón se ponen en juego.

En nuestro país también se rompen ciertos pactos entre parejas, pero es un tema peor visto, más velado, destinado siempre a los demás. Aunque el engaño esté muy extendido, nadie piensa que le ha tocado. Aquí, por lo que veo, quizá no te enseñen prueba del pecado, pero se sabe que las relaciones extraoficiales palpitan libremente. Toda esta mezcla de traiciones y amor, de confesiones y nuevas confesiones y corazones divididos, hace de la vida un lugar más entretenido. No es lo único divertido. Luego viene una tormenta y se ponen a jugar con las olas. 


1 comentario:

Canelita dijo...

En Senegal no se complican tanto la vida. A cada hombre (musulmán y que a la hora de casarse haya marcado la casilla de poligamia, en lugar de la de monogamia...así, tal cual) le corresponden 4 mujeres, así que si una se le enfada ni se inmuta, ya sabe que no le queda más remedio que aguantarlo.