4/7/14

Pollo

En Chicken viven todo el año tres personas: la mujer que trabaja en la oficina de correos, su marido y un minero. En verano su población se multiplica por diez, que tampoco es decir mucho, aunque ya hay más actividad, empujada por tres camping, un bar, una gasolinera y un café. Y aquí solo quedan las migas de lo que fue Chicken tiempo atrás, cuando se extraía oro de sus entrañas. Ahora, la industria se ha desplazado y quienes buscan oro son los turistas con unas palanganas. Y de vez en cuando consiguen reunir unas virutas que, con suerte, alcanzarían un valor de dos o tres euros.

Lo más destacado de este pueblo cuyas viejas casas yacen oxidadas es su ubicación, su inaccesibilidad y las carreteras que desembocan aquí. Por un lado, la carretera Taylor que, después de 115 kilómetros, se sacude el polvo de los últimos kilómetros aquí; por otro, procedente de Canadá, la Top of the World, camino de grava y tierra que muere en Dawson City. Yo vengo del primer lugar y voy al segundo, así que me ahorraré los bufidos y maldiciones que ayer exhalaba mientras trepaba por unos tramos demasiado torticeros como para imaginar que las carreteras están para facilitarnos la vida. 

Uno de mis objetivos antes de venir aquí, a esta colección de casas derrumbadas, era precisamente el oro. Así que me puse manos a la obra y, de momento, he conocido al padre de un minero de la zona; también a un buscador de oro que viene desde Utah con una lancha, un quad, cajas metálicas misteriosas y una caja de latas de Pepsi que sujetan un costado de su caravana. De momento me dice que sí ha conseguido algo surcando los ríos y arroyos.

Mañana, 4 julio, es el día nacional y bajan las gentes de los bosques a celebrarlo. Oídos para qué os quiero, alargaré mi estancia aquí hasta que vea he conseguido suficientes historias. Ya habrá tiempo de llegar a Canadá.

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