26/10/14

Sin esquemas

… un autor puede en mi opinión ser autobiográfico, siempre que no viole ni los derechos del lector ni los suyos propios.

Nathaniel Hawthorne, en la introducción a La Letra Escarlata


Si el vino tira de la lengua, el movimiento lo hace de las palabras. Cuando llego de un viaje y tengo que escribir las crónicas pertinentes, sobre todo cuando me inclino por teclear aquellos textos más creativos y abiertos, es cuando más atascado me encuentro. Sin embargo, si estoy en el lugar de los hechos tecleo alegremente. Casi es el viento el que teclea por mí: pongo la flecha donde quiero, la realidad me da todos los componentes y hasta el olor me sugiere qué incorporar y qué excluir.

Ahora que apuro un par de textos de ese calibre, pero ya desde la quietud, desde el reposo de una mesa y una vida en abundancia -lo contrario a como me gusta el modo de estar en este mundo, que es liviano de equipaje y de comodidades-, las ideas se me escurren, la imaginación queda atrapada en la rutina y no hay quien avance.

Me cuesta arrancarle las raíces a las frases; me cuesta darle los aires naturales que empleo aquí mismo. Es tener un compromiso con un medio e inmediatamente mi cabeza se bloquea, escribe con buenas intenciones pero con limitaciones. Una gran trampa que, no sé por qué, últimamente me he impuesto.

Leyendo algunas crónicas de los mejores reporteros latinoamericanos, me sorprendí pensando que eso mismo que hacían ellos en sus textos para diferentes revistas era exactamente -calidad, obviamente, al margen- lo que yo quería hacer. Es más: era exactamente lo que yo estaba haciendo en este blog pero nunca me he atrevido a hacerlo para un medio.

Por ejemplo, desde Ho Chi Minh City comienzo así: “Una sacudida eléctrica, como si de un cable de alta tensión uno se colgara, recorre el cuerpo de quien acude al Museo de Recuerdos de la Guerra de Saigón”. Cuando sé que algo va dirigido a un medio, ese compromiso secuestra mi imaginación. Otro ejemplo es el de otra crónica que escribí desde el corazón de Texas: “Según la tradición judeo-cristiana Dios descansó el séptimo día al crear el mundo. Según Bruce Springsteen, el quinto, sexto y séptimo día, Dios se dedicó a dar vueltas con su novia en un Cadillac. Naturalmente, recorriendo estas tierras, uno se da cuenta de que el Boss está en lo cierto. Dejando en el este los estados de Illinois, Missouri, Oklahoma y Texas, donde los Cadillacs, las Harleys y todo lo monumental, y toda la locura tienen cabida, es fácil comprobarlo”.

En esta semana, en la que tengo que acabar dos reportajes de esos creativos -y uno más ortodoxo, para un medio tradicional- antes de volver a partir ("es la hora de partir, oh abandonado!") le meto al cuerpo sopa de lecturas donde halle más adjetivos, menos esquemas, más horizonte, menos normas.

Lo que más me fastidia es verme encerrado en una habitación tecleando cosas que están concebidas para escribirlas al aire libre, debajo de la lluvia o en una tienda de campaña. Porque fueron ahí donde fueron vividas. Y de qué modo.

5 comentarios:

Yeamon Kemp dijo...

¿Cómo puede cantar como es debido un pájaro enjaulado?

Diego Cobo dijo...

Me conformo con cantar por las mañanas y por las tardes entrar a por alpiste.

"No pido nada exorbitante, os lo aseguro"

Borf dijo...

Danos un poco de envidia y dinos hacia donde marchas, si no es mucha indiscrección...

Ferragus dijo...

Así como lo expones, tu única opción es ser paisaje.

Diego Cobo dijo...

Borf,
en este mismo lugar iré dejando rastro de mis huellas. Sobre todo porque tengo cierta idea, pero no los lugares exactos.
Ferragus: me suena a aquello que escribió Gil de Biedma: "Yo creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema."