21/7/17

Concord, cuna de la Revolución Americana

Ralph Waldo Emerson lo describió como «una mente tan libre y recta como ninguna otra que he conocido». Las palabras, anotadas en su diario en febrero de 1838, se referían a Henry David Thoreau (1817-1862), a quien había conocido un año antes. Thoreau era un joven de 19 años que aún estudiaba en Harvard y que, con el tiempo, se convertiría en un prolífico escritor, filósofo y naturalista que filtró a la historia una vasta sabiduría y un puñado de libros. Walden, el más universal.


Ambos eran vecinos de Concord, Massachusetts, una bonita población a 30 kilómetros de Boston que ya está preparando un particular festejo: el bicentenario del nacimiento de esta alma infinita.

«He viajado mucho en Concord», bromeó en Walden, una obra que nació de su estancia a la orilla de la laguna homónima, a las afueras de este pueblo donde el otoño de Nueva Inglaterra inflama en llamas su vegetación. La laguna en la que Thoreau habitó durante dos años es el reclamo más universal; una poza circundada de arena que posee el mismo semblante que él no se cansó de describir -pinos tea, algún pescador, el reflejo luminoso del bosque, el traqueteo del tren- y que acunó sus interminables horas.

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