19/7/13

"Aquí nadie tiene deudas"


- “Aquí nadie tiene deudas con el banco. Nadie. ¿Tienes tú deudas?”
- “No”, responde el chico.
- “¡Nadie le debe nada a nadie!”

Estoy en una valla de gallos, una especie de ring donde uno de las aves casi siempre acaba muerta por una herida en el pescuezo. Y quien hace alarde de que en Cuba nadie tiene deudas es un prestigioso médico al que, entre una pelea y otra, le consultan qué pastillas tomar para ciertos dolores.

También hablo con un ex combatiente de la guerra de Angola, con varios espectadores y con el “veterinario” que cura a los gallos malheridos pero que aún respiran: les da claras de huevo. Con naranja.

Nadie tiene deudas, y todos jalean a los animales. Todos están felices.

- “No tendrán el último modelo de zapatillas, ni se irán 15 días de vacaciones, ni el último carro. Pero ¡no tienen deudas!”,  insiste el doctor.

Nadie tiene deudas y viven con lo esencial, nos viene a decir. Lo dice alguien que ha trabajado en varios países y afirma que, en todo caso, el socialismo le perjudicarían a personas como él, que en un sistema de competencia y supuesta libertad de ascenso él sería ya de oro. “En EEUU un amigo mío, médico, gana 600.000 dólares”, me dice. “El edificio de allí es muy alto, pero muy poco estable; el nuestro es bajo, pero muy seguro”, metaforiza.

Leo hoy una crónica sobre la ciudad de Katmandú. Ciertamente, la capital de Nepal es un lugar caótico y sucio, pero emana una química indescriptible. Es un lugar acogedor. Allí tampoco tienen deudas. Quizá empiecen a tenerlas.

Los países que están ya de vuelta del capitalismo, con objetos materiales que ansiamos y que realmente no nos sirven para mucho, generalmente admiten la sola posibilidad de este sistema basado en el consumo exagerado. El crecimiento económico se basa en comprar y comprar y cuanto más se compre mejor le va a todo el mundo. Da igual la calidad, lo que importa es la cantidad. Los políticos siguen echando a la caldera esos mensajes para que ardan y seguir creciendo. Algo desastroso no solo para el medio ambiente, sino también para nuestro concepto de felicidad, que se basa en acumular más y más sin ningún fin en concreto.

Países que aún no están en el ojo del huracán del capitalismo, ansían entrar en él. Quizá sea una cuestión de estadios: quieren tener la oportunidad de poder poseer de todo. La globalización, de la mano del salvaje capitalismo, destruye la variedad y las costumbres locales. Y aquellos que no tienen deudas, ni una sola, empiezan a tenerlas. Y con el tiempo acabarán como hemos acabado los países de aquí: el capitalismo es un agujero negro que, una vez desatado, nadie puede domarlo.

Por eso a quienes este sistema, es cierto, nos ha dotado de un bienestar –no dormimos en casas de paja, ni morimos a los 30 años, comemos sano y variado- pero criticamos que campe a sus anchas, nos provoca temor ir a un país y ver cómo ansían en lo que aquí  se ha traspasado sus límites sostenibles y sensatos. Y ver cómo comienzan nuevas fórmulas de desigualdad y fiebre consumista.

Aunque tengan tanto derecho como nosotros –o más, pues les hemos impedido su desarrollo- entristece que seamos nosotros quienes les contagiemos nuestras fórmulas y no ellos quienes nos contagien los suyos. Que ellos aspiren ser como nosotros y no nosotros a contagiarnos de lo bueno de ellos: qué bien nos vendría un poco de tradición hinduista, otro poco budista, alguna educacional, mayor cooperación entre personas y más sonrisas. Y no acabar hundidos en el fango de las deudas: personalmente, al igual que Marx, pienso que la satisfacción de unas necesidades trae aparejada la aparición de otras nuevas.

Una buena estafa del capitalismo [de hoy].

Índice del Planeta Feliz, en el que no hay países -apenas- capitalistas.

4 comentarios:

V dijo...

Yo he estado viendo en primera fila justo el polo opuesto. Capitalismo salvaje. Pero salvaje. Una persona que por cómo es, casi te digo que podría vivir descalzo perfectamente, y sin embargo lo hace con 17 vehículos y un largo etecé. Entre ellos un Aston Martin, un Porche, un Range Rover... bueno, tremendo, Diego.
Los ingleses son muy... corteses, pero lo que ellos tienen por educación de indirectos, lo tenemos nosotros de directos y cortantes. Al menos yo.
Un día, me decía: -a veces me imagino cómo sería mi vida sin todas estos números-. Yo le contesté: -yo vivo así-. Primero se quedó callado y luego me dijo: -hay un dicho en inglés que reza: si ves que el hoyo ya está hecho, no lo hagas más profundo-.

Personalmente envidio a quienes viven sin deudas, envidio a esos que por elección están fuera del capitalismo, siguen ahí, y gozan de un bienestar que a nosotros se nos tiene vetado. Y no tengo deudas, pero me preocupa tenerlas e intentando que no sea así, también estás siempre en un ay. Ese monstruo que todo lo devora. Es lo que a mí me parece el capitalismo. Todo lo importante.

Besos, Diego.

Ferragus dijo...

Esto que vivimos hoy, no es sino una muestra de la suma de lo que somos como individuos. Cámbiale los ropajes a esta miseria humana, vístelas de cualquier ideología que gustes y creo que no cambiaría mucho la película. Espero, sepas disculpar mi exceso de cinismo, estimado Diego.

Diego dijo...

V: Entiendo lo que dices. El caso es que es todo una burbuja y poco sostenible -¿alguien se lo cree?-. Personalmente, soy de los que piensa que si se envidia una cosa, hay que ir a por esa cosa.
Ferragus: pero, aunque esas corrientes sean poderosas, se puede escapar. ¿No crees?

Gracias a los dos por los comentarios ;)

Miguel dijo...

Bueno, yo, visto lo visto, te diré aquello de: "virgencita que me quede como estoy"

Un abrazo.