30/7/13

Ya podría España aprender de Latinoamérica


Pemítasenos hacernos algunas preguntas en voz alta.
José Mujica, discurso Río +20, 2012.

Veo con interés los movimientos ciudadanos en Latinoamérica, la valentía de muchos de sus dirigentes y, a menudo, la coherencia de su retórica. Claro que para alguien que viene de un mundo donde los dirigentes apenas articulan dos palabras con sentido, necesitan frases escritas para enfrentarse al público y no dan la cara, tampoco es muy sorprendente.

Veo Telesur casi a diario. Es una televisión “con agenda propia”, como se autopublicitan, y trato de separar el grano de la paja cada vez que pongo atención: me gusta que se gobierne para la mayoría sin excluir a la minoría. Paradójicamente, en el arte de volverle el forro a la realidad, en nuestra quebrada sociedad se gobierna para una minoría excluyendo a la mayoría. Creo que es compatible apoyar esta nueva oleada de dignidad, a pesar de que aburra un poco la misma película de Chávez, etcétera, pero trato de que las formas (un tanto burlescas) no invaliden el contenido (¡viva la independencia de los pueblos!).

Me sorprende (muchísimo)  la actitud de España hacia este continente. Sigue mirándola como su hija pequeña, con cierta soberbia y ciertos aires de menosprecio. Lo hace una sociedad, ironías, envenenada de odios de un lado y de otro, (mal)informada por medios de comunicación que, en el mejor de los casos, tratan los asuntos de este lado del charco con desdén y en términos económicos: dan igual los modos de vida, la dignidad.Todo. España ignora que este continente le ha superado en muchísimas cosas. Que esta adolescente maltratada ha dicho “esta boca es mía y “hago lo que quiero”, y eso no ha sentado bien a un país emborrachado de ombliguismo. Lo peor, a mi juicio, es que la gente compra esas ideas mediadas y contaminadas por intereses ajenos.

Me gustan pensadores silenciados en nuestro mundo. Los movimientos populares latinoamericanos están arropados por brillantes pensadores, algunos de ellos en la sombra, otros en la luz. No son iluminados, aunque a veces parezca que Chávez, qué sé yo, tenía mucho de eso: hablamos de filósofos, escritores y políticos con unos marcos teóricos e históricos que ya quisieran los políticos de nuestro país, salidos a menudo de los rincones donde se les daba collejas en clase.  Galeano, en su última visita a España, no se pasó por Televisión Española, pero sí lo hizo por la Tabacalera y Lavapiés, y el año anterior se pasó por la Puerta del Sol y la Plaza Cataluña. Andrés Oppenheimer, a quien leí en su día con devoción (luego vino el desengaño), llamaba el proyecto venezolano marxista- narcisista. Vale, te burlas: pero al menos hablamos de un político que ha leído a Marx (y a Lenin). ¿El ilustre presidente de mi comunidad, Cantabria, aparte de ser del PP, por qué es de derechas? ¿Qué ideas, argumentos y marcos conceptuales respaldan su manifestación última? O el último pensador en España: el expresidente de mi comunidad, Revilla, cuyo único mérito es decir cosas obvias en la televisión como si estuviera en un bar. No rasca más allá. Y arrasa.

Me gusta encender la televisión y aprender. Eso, en Cuba, todavía se puede hacer. Hace tiempo que en España uno dejó de encender la televisión: los contenidos enjundiosos han sido transformados, en el mejor de los casos, en concursos tipo Pasapalabra y uno en el que si no respondes bien te caes por una trampilla y no sé a dónde llegas. En el peor de los casos, se rellenan programas donde el español se repantiga y se lo pasa pipa: me sorprende mucho el interés que ha suscitado el tipo que se cargó a sus dos hijos y como media España lo ha seguido día a día. Aquí escuchas la radio y se tiran dos horas hablando de la funcionalidad de los edificios y de la planificación urbana. Ah, y puedes entrar a una librería y comprarte la última novela de Almudena Grandes (en España cuesta más de 20 euros) por menos de un euro. La cultura corre por parte del estado (en España, ay, la están fusilando deliberadamente).

Me gusta ver y leer entrevistas y discursos de líderes regionales. Escuchar a Rafael Correa (que se doctoró en economía en EEUU) aparcando los prejuicios en que nos han educado, es placentero. Muy placentero. ¡Yo lo he hecho! Y a Pepe Mujica. Incluso este fin de semana, escuchando un discurso de la presidenta argentina (¡que se gaste 350.000 dólares al año en ropa no invalida todo lo demás...!), me di cuenta que era mucho más interesante, realista y sincero que cualquier cosa que yo haya escuchado nunca en España. ¿Por qué se les condena en España? Por salirse del discurso dominante y “atentar” contra los intereses. Insisto: me sorprende que la gente caiga en esa trampa.

Sabina dijo hace años que Europa era una vieja aburrida llena de joyas y América Latina una mulata llena de energía y sexo. Así lo veo yo: la gente se apasiona por las causas nobles. En España se retoma en ciertos sectores y como consecuencia de las demoledoras actuaciones de los de arriba, aunque ha dominado una apatía y nos hemos enfundado, en la calle, en un traje gris: hace tiempo que nos robaron el mes de abril.

Otro día hablamos de García Márquez y Alejo Carpentier (que, simplemente, hacen magia con las palabras) y de cualquier expresión artística de las que envidio hasta su última molécula mientras en España cualquiera con cuenta de Twitter parece que, en su último ingenioso conjunto de 140 caracteres, está diagnosticando no sé muy bien qué. Superficialidad, supongo.

En España se premia el mundo de las citas célebres, a golpe de clic, descontextualizadas, del postureo, mientras que las citas célebres que subrayan en Latinoamérica se sacan después de leerse los tres pedazo de tomos de El Capital. Doy fe.


Discurso José Mujica en la cumbre Río +20, el año pasado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sencillamente, me ha encantado esta entrada en tu blog. Yo también hace tiempo que mandé a cultivar telarañas la tele. A veces se hace insufrible. Y he vuelto a retomar la información internacional a través de las ediciones digitales de los periódicos de medio mundo (los españoles se han olvidado de que el mundo gira y no alrededor de lo que pasa aquí). Creo que si se mirase más hacia fuera y menos el ombligo, todo nos iría muchísimo mejor. Es que no aprendemos! ISA