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31/7/14

Si no fuera yo

A veces  me desplazo hacia ese estado de perfección que es el pasado, recordando demasiadas cosas como para pensar que en el porvenir se esconden tiempos gloriosos. Y no sé por qué lo siento así, por qué pienso que solo lo que ya es polvo supera de cualquier modo cualquier atisbo de horizonte: la contradicción funciona a la perfección.

Hace tiempo que no escribo versos, pero sé que me superaré a mí mismo; hace tiempo que no escribo nada y lo etiqueto bajo el rótulo de “nostalgia”, “primavera” o “libertad” cuando, en realidad, ahora me siento más libre y más nostálgico que nunca. Es cierto que hace dos semanas, no recuerdo dónde, emborroné un papel que imitó unos versos. Ya habrá tiempo de rescatarlos.

También recuerdo que un día me dije que necesitaba más Neruda para poder sentir el bombeo del aire en el trasfondo de las palabras. Sí, y lo sigo pensando: leer otra cosa que no sea un exceso de epítetos nos hace mal a quienes vivimos sobre una montaña permanente (ya sea de presente, de pasado o de deseo) de epítetos.

Hace unos meses y cuatro entradas me sugería un comentario algo tan sencillo que, por su sencillez, me es imposible encajar en las promesas que se insertan en mí. ¿Y por qué no usas este blog para cosas personales y el otro para el mundo profesional?

“¿Es que hay diferencia?”, pensé yo, con una ingenuidad intratable. Y es que todo lo vivo así: sin fronteras, como una unidad, como un exceso de pasión en mis movimientos. Escribir, estudiar, recolectar las judías que trepan por las cañas de bambú en este caluroso mes de julio: todo está dentro del mismo apartado, del mismo sueño, del mismo proyecto. Nada me es ajeno.

¡Ay! Si yo pudiera ser dos personas, y dos corazones y más de una locura, y coleccionara mil deseos en el mismo cielo… Y si yo fuera otra persona…